Cuando escuchamos la palabra arqueología, pensamos en fabulosos tesoros y objetos de arte maravillosos. Y recordamos las aventuras de Heinrich Schliemann al descubrir la ciudad de Troya o Howard Carter recobrar para el mundo los objetos de la tumba de Tutankamon. Y al presentarse la oportunidad de tomar una maestría, sin requisitos de una licenciatura relacionada, no lo dudé. Me inscribí enseguida.
Lo que siguió fue cautivador. Aprendí que los objetos dejados atrás por sociedades desaparecidas deben tratarse con gran rigor científico para poder obtener la mayor cantidad de información posible. El objeto y el contexto en el cual fue encontrado, nos puede dar muchísima data sobre la cultura que la produjo.

Desde el momento en el que se localiza un sitio con potencial arqueológico, se debe seguir un riguroso protocolo para la exploración. Se debe examinar y registrar con gran cuidado el entorno y el orden en el que fueron encontrados estos objetos.
Además, se debe trabajar en colaboración con el Ministerio de Cultura ya que todo material cultural de antiguas sociedades pertenece a todos los panameños. Se deben definir los procesos adecuados para garantizar la integridad de los objetos recuperados, es decir, estos deben pasar por un proceso de estabilización y conservación.

Aprendí que los objetos deben guardarse en lugares óptimos que garanticen su integridad y se deben diseñar planes de manejo y musealización de las colecciones recuperadas para que la información que nos den llegue a la mayor cantidad de personas.
Es necesario apoyar el trabajo arqueológico con fuentes escritas. Hay que leer, no solo sobre el desarrollo de las sociedades y las propuestas, sino también reportes históricos y relatos presenciales. En la arqueología subacuática, si investigamos pecios (barcos hundidos) coloniales, es menester consultar documentos del Archivo de Indias. Cualquier investigación de tiempos coloniales en América Latina, puede necesitar consultar dicha fuente.
Una de las clases más emocionantes de toda la experiencia fue la práctica de campo en el Proyecto Arqueológico Panamá Viejo en octubre del 2021, bajo la dirección de la arqueóloga encargada del Proyecto, la Dra. Mirta Linero Baroni. En enero fui aceptada como tesista para trabajar en la temporada 2022. Es mágico ir descubriendo capa tras capa de información que puede más adelante dar pistas sobre la vida cotidiana de los habitantes coloniales panameños.
Quizá la arqueología no sea la aventura idealizada al estilo Hollywood, pero estoy segura de que ninguna otra disciplina da la oportunidad de viajar en el tiempo y escuchar las voces lejanas de nuestros antepasados precolombinos y coloniales quienes hicieron posible la sociedad interesante y llena de retos que somos hoy día. Y por supuesto, mi vida se ha transformado en una maravillosa aventura arqueológica.


























