
Transcurridos los primeros 30 años después de la humillante invasión de Estados Unidos a nuestro terruño para “capturar” un exemplanillado de su gobierno y que saboreaba jugosos mangos frente a sus ejércitos; pensamos que era cuestión de tiempo enrumbar los senderos retorcidos y tratar de lograr mejores notas durante la rehabilitación de la Patria mancillada, otra vez.
¿Podía lograrse un anhelo de reivindicación luego del asalto al gobierno Democrático en 1968, 21 años de dictadura y los efectos de la invasión en 1989…? ¿Encontraría nuestro país hombres y mujeres capaces de enfrentar el reto histórico de la Patria herida y conducirnos al famoso “puerto seguro”; en el marco de las postrimerías del Siglo XX, para lograr las expectativas que nos plantearía un nuevo Siglo pleno de incertidumbre y ávido de justicia social? Allí centramos la interrogante.
Como cristianos de tránsito, hemos sido creyentes de eventos posibles y la fe ha sido un valioso elemento para alcanzar algunos logros en ese trayecto y diversos aspectos de la vida en sociedad. Fe, esperanza, justicia, humildad, entre otros calificativos que de seguro compartimos con otros ciudadanos.
Lamentablemente nuestras cacareadas “políticas públicas”, han carecido de contenido social, y hoy vemos que la irresponsabilidad de quienes han llevado las riendas del poder político en estos años, ha degradado la imagen de este elemento indispensable para fortalecer cualquier gobierno que se precie de transparente, responsable, honesto, justiciero y, sobre todo, comprometido con sus nacionales y con quienes conviven en el terruño.
Las políticas públicas de cualquier gobierno que se precie de practicar la democracia, deben ser sólidas, transparentes y hacer lo máximo para llegar a más personas sin procurar servirse con la cuchara grande para quienes están en el poder momentáneamente y utilizar palillos para el resto de la población gobernante responsable y comprometido.
No culpemos a “los anteriores”, y apostemos por valores reales que puedan ser solidarios con los traumas de la población cuyas expectativas yacen en ese puerto olvidado y alejado de buenos conductores que opacan la pureza del sufragio y la honorabilidad del funcionario. Panamá lo merece, ¿no creen?


























